septiembre 26, 2008

Pulsátil


Escribo esto tirado en un banco de madera de una plazoleta, bajo un sol muy confortable y templado, con una leve y a veces moderada brisa fresca que descontrola mis pocos pelos y hace que me tenga que volver a peinar permanentemente.

Hay bastante ruido de fondo…autos, grúas, camiones con su pesada carga y el ocasional murmullo de la gente que pasa a mi lado conversando. Muy atrás de todo, casi imperceptible, el choque del agua del río contra las interminables paredes de firme roca de los docks de Puerto Madero. Y el ruido del viento que se encauza en las concavidades de mis orejas. En el aire hay ese olor a suciedad dulce que produce en la piel la llegada de la primavera….olor a polvo, polen y a naturaleza cruda. El cuerpo se siente pleno, libre de dolores, malestares y la ropa calza cómoda, suave y flexible.

Ok, enfoco y logro incorporar una campana de silencio dentro de mi cabeza. Me aíslo de todo. Sólo queda el silencio resonante de los recovecos de mi mente y el latido pulsátil y constante de mi sangre, bombeada por un corazón a veces torpe e infantil, pero lleno de espacio y energía.

Me pongo a pensar y a balancear en mi cabeza qué cosas me hacen bien. Qué tengo hoy dentro mío que hace que pueda decir que estoy satisfecho con mi vida. Filtro de esta respuesta todo argumento o listado que referencia a cosas materiales, éxitos laborales y partidos de fútbol o tenis con excelente performance de mi parte, entre otras. Que quede solamente el amor y las satisfacciones de esas que hinchan el pecho, cierran la garganta, aflojan las extremidades y humedecen los ojos.

A pesar de los golpes, cambios bruscos y violentos, los momentos de “tener que dejar ir” y las re-adaptaciones a las dinámicas condiciones de vida a las que estoy (casi) acostumbrado, puedo decir que

ESTOY MÁS QUE SATISFECHO.

Vida, gracias.

(todavía me debés el viaje interestelar, pero bueno, esa deuda te la perdono :o)

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