Hay otra causa, otra necesidad interna, no menos potente, de equilibrio y vida plácida y sin stress. En 37 años creo haberlo logrado, sólo que el éxito ha sido en solitario: no he encontrado a nadie que me acompañe en este camino relajado y tranquilo. Toda persona con la cual he intentado compartir dicho logro ha salido corriendo, casi espantada y con muchos reparos sobre mi capacidad y madurez…desconfiados.
Estos dos aspectos de mi personalidad, sumados a una autoexigencia importante sobre la “calidad” de vida y las relaciones, me han dejado en una posición confortable y sin necesidades materiales, pero bien solito.
Por último, mi discurso, a veces ambiguo, me hace acreedor al rótulo de “loco”, loco lindo, pero loco al fin. Han pasado muchos años desde que lo escuché por primera vez y a pesar de que me ha costado aceptarlo, finalmente lo he tomado como parte mía en forma natural.
Así que….bueno, nada, eso. Espero lograr alguna vez compartir esta felicidad o estado de “dicha tranquila”, ya que como descubrió trágicamente Christopher McCandless en su búsqueda tan parecida a la mía, la felicidad sólo es felicidad si se comparte con alguien.
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