febrero 25, 2014

La indiferencia como el cansancio del justo

Dejar de meterse, de luchar por causas perdidas de antemano, de querer que la gente mejore, evolucione, solucione sus problemas.

Me he dedicado la mayor parte de mi vida adulta a encontrar soluciones a los problemas de los demás, a meterme de lleno en sus temas e involucrarme demasiado. Lo más probable es que esa actitud mía tan cuestionable sea consecuencia de una carrera de medicina trunca, donde como médico siempre quise y soñé con “salvar vidas”, curar y ayudar. Al no tener esa función, busqué inconscientemente trasladar esa necesidad a algo alternativo, y el resultado fue, bueno, lo que dije antes.

Como médico, me imagino que hubiera sido uno excelente, humano y dedicado a mis pacientes; como pseudo chamán psicopsiquiatra voluntarioso lo único que hago es frustrarme y hacer daño.

Hasta ahí la parte de autocrítica.

Por lo demás, nadie quiere ayuda, nadie quiere mirarse así mismo, nadie quiere cambiar, todos están llenos de miedo y al mismo tiempo adolescen de una sordera crónica. Es un momento social y cultural de mierda.

Obvio que se me puede acusar de lo mismo y estarían en lo correcto, así que acepto la parte que me corresponde y me hago cargo de mi propia sordera. Alguien más se hace cargo?