Te amo más que a mi propia felicidad. Te volviste parte mía inescapable y no logro olvidarte.
Con vos, se me fue también el sentido, de todo. Sólo puedo tener atisbos de tranquilidad espiritual durante períodos ínfimos, logrados me parece gracias a la sobrecarga de emociones que lleva todo a un punto inaguantable que hace que se resetee todo, como un disyuntor. Ahí, hasta que se llena todo de vos de nuevo, puedo respirar un poco.
En mi realidad, quedaron miles de cosas pendientes. Miles. Todas esperando concretarse en una espera infructuosa, irreal, inútil. Cortaste el hilo, el cordón, con una tijera sin filo y oxidada que dejó una infección que no cura y que provocó una agonía durísima que todavía sigue.
Logro a veces entender y aceptar lo que decidiste, lo que dejaste entrar a tu vida y que me reemplazó en forma casi automática, como quien se cambia un par de medias. Imagino esa noche que pasaste, lo que pasó por tu cabeza en esos momentos que te entregaste a otra persona. No puedo en realidad imaginarlo, es tan fuerte que me anula.
Me duele, seguro, pero logro compensarlo con la sensación de que encontraste la felicidad que conmigo no tuviste, la felicidad que no te pude dar. Eso es lo que más me reconforta de todo. Eso es lo que hace que no salga a reconquistarte como hacen en las películas, lo que hace que no me meta más y que sacrifique lo que siento por vos con tal de no meterme más. Además y como te dije alguna vez, tengo el corazón cansado y con vos se cerró la puerta para una compañera de vida. Perdí la confianza, la esperanza, ya no creo en eso. Todo es azul frío…para mí, ahora, las relaciones tienen desde el vamos un final trunco cantado. La imperfección humana ahora la veo oscura, torva, ya no más como algo bello.
Estuve casi 7 años constantemente tratando de conquistarte. De todas las maneras que se me ocurrieron. Lo logré, creo, de a ratos. Después o no lo supe mantener, o la arruiné, o directamente no fue suficiente. No lo sé y no me sirve de nada preguntármelo. Me duele más la búsqueda de la respuesta a eso que la potencial tranquilidad que me traería saberlo. Además, ya no vale la pena. Lo importante y real es que estás bien, contenida, en tu salsa y feliz. Y yo no estoy ahí para arruinarlo. Y no voy a estar. No tengo la más mínima intención de arruinar nada más en mi vida y menos que nada tu felicidad, que fue siempre mi intención. La tuya a expensas de todo, incluso de la mía propia.
No pude, no supe, no tuve la capacidad. Perdón por eso.
Me quedo con lo que siento y lo guardo como un tesoro que me llevaré a la tumba. Mi amor, mi dolor, mi lucha, mi esperanza, mi pasado, mis pendientes.