Ser o no ser. Esa es la cuestión.
Necesité tal vez una semana de desconexión total en mi vida para darme cuenta de algo obvio a los ojos de mucha gente y hasta obvio para mí en plena introspección, pero que eventualmente me niego a aceptar por verlo como un defecto desleznable.
Necesito imperiosamente el afecto y el cariño de los demás. Sin él, mi coeficiente intelectual disminuye al nivel del de una agua viva. Fui educado, guiado, malcriado en una ambiente lleno de afecto, caricias, abrazos, miradas, que dejaron en mí una profunda e indeleble marca. Y también una profunda e indeleble necesidad.
Fui creciendo y la necesidad de ese afecto se fue especializando y filtrando hasta quedar en una sola figura. Pero diversas vivencias me han exacerbado dicha necesidad, la han envuelto en llamas, la han vuelto asfixiante para los demás haciendo que cometa cada vez más errores. Y así la sensación de soledad se ha vuelto cada vez más corrosiva.
A todo esto se suma creo la prueba más titánica de mi vida: levantar un par de grandes sueños frustrados y a la vez ganarle a un cáncer vocacional ya terminal que me viene comiendo internamente desde 1997 y que me ha hecho perder en un mar tempestuoso de dudas y miedos.
Estoy varado en un desierto estéril y seco, y no me queda más nafta en el tanque....cae mi rodilla izquierda, luego la derecha....no doy más.
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