Leo una lista de emails de antiguos compañeros de colegio, tratando
de adivinar por los sobrenombres e iniciales apretujadas con apellidos
inconclusos los nombres de personas que alguna vez fueron parte de mi
vida.
De repente, descubro a una persona. El sólo nombrarlo
completo en forma mental comienza a generar cascadas tsunámicas de
sensaciones, recuerdos, lugares, olores, vivencias, luces, formas,
gente. La lejanía temporal de todo eso al Yo del presente, me provoca
una sensación de extrañeza, de estar con esa persona en situaciones
pasadas pero al mismo tiempo sentirlo un extraño, incluso un extraño
perverso.
El cambio proferido por mi Yo en base a
experiencias de vida a lo largo de los años, alejó la camaradería, los
lugares en común, las actividades compartidas. Me puso en otros zapatos,
zapatos casi de un alien. Pero of course! El Yo de esa época no es el Yo de
ésta, ni por las tapas.
Abismos violentos de
diferencias personales y de vida entre quien es (en realidad fué) esa
persona y el Yo actual. Amigos? Camaradas? Compañeros? De qué? Por
qué?!? Si lo que recuerdo de Él, su entorno, sus gustos, su familia, su
rutina, no se parece en nada a Mi. Qué hacía Yo compartiendo cosas con
Él? Acaso era Yo así también? Qué horror!
Una sensación peligrosamente tangencial con....lo desagradable.
Y qué bueno es el cambio che.
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