diciembre 13, 2012

Tangentes

Leo una lista de emails de antiguos compañeros de colegio, tratando de adivinar por los sobrenombres e iniciales apretujadas con apellidos inconclusos los nombres de personas que alguna vez fueron parte de mi vida.
De repente, descubro a una persona. El sólo nombrarlo completo en forma mental comienza a generar cascadas tsunámicas de sensaciones, recuerdos, lugares, olores, vivencias, luces, formas, gente. La lejanía temporal de todo eso al Yo del presente, me provoca una sensación de extrañeza, de estar con esa persona en situaciones pasadas pero al mismo tiempo sentirlo un extraño, incluso un extraño perverso.

El cambio proferido por mi Yo en base a experiencias de vida a lo largo de los años, alejó la camaradería, los lugares en común, las actividades compartidas. Me puso en otros zapatos, zapatos casi de un alien. Pero of course! El Yo de esa época no es el Yo de ésta, ni por las tapas.

Abismos violentos de diferencias personales y de vida entre quien es (en realidad fué) esa persona y el Yo actual. Amigos? Camaradas? Compañeros? De qué? Por qué?!? Si lo que recuerdo de Él, su entorno, sus gustos, su familia, su rutina, no se parece en nada a Mi. Qué hacía Yo compartiendo cosas con Él? Acaso era Yo así también? Qué horror!

Una sensación peligrosamente tangencial con....lo desagradable.

Y qué bueno es el cambio che.

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