Qué poca gracia tienen los proyectos en solitario.
Parecen no tener mucha razón de ser, más que el de ocupar el tiempo libre que uno tiene disponible.
Son inconducentes, fríos, insólitos. Una mera concatenación de acciones e hitos a cumplir en pos de alcanzar un objetivo autoimpuesto.
Las uvas y las olivas se achicharran y se caen; las botellas se llenan de producto, se etiquetan y se venden; las planillas se atiborran de cálculos y estimaciones financieras, frías y de matemática precisión; los árboles esperan ser plantados como meros objetos que detienen el viento, tapan vistas y le dan valor monetario al terreno; las estaciones se suceden, una detrás de la otra con el sólo encanto de la curiosidad y belleza de ser cambios naturales provocados por la ubicación del sol.
Nada hecho solo tiene el calorcito de hacerlo acompañado. Y la felicidad sólo tiene valor cuando se comparte con alguien.
Pero eso ya lo sabíamos Hernán!
